Tiempo de ayuno y solidaridad

La Cuaresma es el tiempo de gracia y salvación, en el que todos estamos invitados a convertirnos en el camino de las practicas penitenciales, el silencio y el desierto, la oración más intensa, la limosna y el ayuno, del que el mejor paradigma y modelo es el Señor, que ayuna en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches (Mt 4,2).

Refrena el pecado y los malos deseos

Hemos de reconocer que el ayuno como práctica penitencial no está en su mejor momento […]. La Sagrada Escritura y la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y un medio para recuperar la amistad con el Señor. Por ello, la palabra de Dios nos invita muchas veces a ayunar. Jesús nos da el ejemplo ayunando en el desierto y rechazando el alimento ofrecido por el diablo. La práctica del ayuno esta también muy presente en la primera comunidad cristiana y los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en nuestro corazón el camino hacia Dios.

¿Dieta sí, ayuno no?

En nuestros días, la práctica del ayuno ha perdido relevancia desde la perspectiva  ascética y espiritual. En muchos ambientes cristianos ha llegado incluso a desaparecer, incluso el ayuno y la abstinencia prescritos por la Iglesia en Cuaresma. Al mismo tiempo, ha ido acreditándose como una medida terapéutica conveniente para el cuidado del propio cuerpo y como fuente de salud. Siendo esto cierto a juicio de los expertos, para nosotros los cristianos el ayuno es una “terapia” para cuidar todo lo que nos impide conformarnos con la voluntad de Dios. El ayuno nos ayuda a no vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que nos amo y se entrego por nosotros y a vivir también para nuestros hermanos.

Romper los apegos que nos separan de Dios

La Cuaresma[…] nos depara la oportunidad de recuperar el auténtico significado de esta antigua practica penitencial, que nos ayuda a mortificar nuestro egoísmo, a romper con los apegos que nos separan de Dios, a controlar nuestros apetitos desordenados y a ser más receptivos a la gracia de Dios. El ayuno contribuye a  afianzar nuestra conversión al Señor y a nuestros hermanos, a entregarnos totalmente a Dios y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley  y compendio de todo el Evangelio. El ayuno nos ayuda a crecer en intimidad con el Señor. Así lo reconoce San Agustín en su pequeño tratado sobre “La utilidad del ayuno” cuando afirma: “Yo sufro, es verdad, para que El me perdone; yo me castigo para que El me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”. La privación voluntaria del alimento material nos dispone interiormente para escuchar a Cristo y alimentarnos de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración más constante y dilatada en estos días de Cuaresma, el Señor sacia cumplidamente los anhelos más profundos del corazón humano, el hambre y la sed de Dios.

Nos abre los ojos al prójimo

La práctica voluntaria del ayuno nos permite caer también en la cuenta de la tristísima situación en que viven muchos hermanos nuestros, casi un tercio de la humanidad, que se ven forzados a ayunar como consecuencia de la injusta distribución de los bienes de la tierra y de la insolidaridad de los países desarrollados, sin olvidar también a nuestros hermanos en las áreas urbano marginales de  nuestras localidades. Desde la experiencia ascética del ayuno, y por amor a Dios, hemos de inclinarnos como el buen Samaritano sobre los hermanos que padecen hambre, para compartir con ellos nuestros bienes. Y no solo aquellos que nos sobran, sino aquellos que estimamos necesarios, porque si el amor no nos duele es una amor engañoso. Con ello demostraremos que nuestros hermanos necesitados no nos son extraños, sino alguien que nos pertenece.

En la antigüedad cristiana se daba a los pobres el producto del ayuno. En la coyuntura  social que estamos viviendo como consecuencia de la crisis económica, hemos de redescubrir  y promover esta práctica penitencial de la primitiva Iglesia […]

+ Juan José Asenjo Pelegrina – Arzobispo de Sevilla

RESCATE DE VALORES ES TAREA DE TODOS

A todos en general se les reserva la responsabilidad y el compromiso de contribuir, permanentemente, en la recuperación de los valores perdidos e ignorados en el tiempo, por el quebranto de la institución familiar; en gran parte de los maestros, que no asumieron en su momento acciones de orientación de la conducta de sus alumnos y el escaso aporte de los gobiernos y medios de comunicación para lograr un cambio de actitud de la juventud en su tránsito por caminos equivocados.

Las naciones, para vivir en un ambiente de paz, comprensión, confianza, de respeto al prójimo y sin violencia, aparte de su estructura socioeconómica, dependen y responden a un proceso informativo de sus habitantes, desde el hogar, escuela y medios sociales. El maestro, en todos sus niveles, en su condición de guía, orienta la conducta con su ejemplo, pero este compromiso moral se desvió, en muchos casos, por el acoso y afán de lucro.

El irrespeto y la violencia se han extendido en todos los sectores, hogar, estadios y centros de diversión, entre otros, aparentemente, sin que a nadie le preocupe, como si se tratara de hechos normales. En algún momento parece que se ha perdido todo indicio de esperanza por encontrar prontas soluciones.

La presencia de pandillas juveniles y el consumo de drogas no es problema reciente; ahora, ese desequilibrio social se acentúa con mayor incidencia en la población pobre y abandonada, por la irresponsable indiferencia en el tratamiento de esos terribles males. Hoy ya se han emprendido acciones programáticas, principalmente en los colegios para intentar erradicar ese espectro social. Hay que recordar que toda labor que se proyecte para combatir esos desórdenes, merece, inaplazablemente, el apoyo de la colectividad. Algunos medios de comunicación privados practican el sensacionalismo, tendencia por exagerar o escandalizar los hechos, principalmente, delictivos, para causar impacto en el publico con el siguiente error de exaltar la audacia de rufianes y de sicarios famosos. Ese estilo de hacer periodismo profana el valor moral, promueve la violencia y exalta, sin quererlo, el delito.

Se recuerda que la función del periodismo es informar y opinar tomando como base la verdad y a motivar la práctica de los valores como la paz, la justicia y el respeto a sus semejantes.

Es innegable que la ambición y el dinero diseñan negativamente la conducta del ser humano y obliga a pensar en una reconquista de valores. En la selección de los nuevos maestros se debe considerar, especialmente, sus dotes morales, para garantizar una información adecuada de las venideras generaciones. Aunque hay que reconocer que continúan en funciones, maestros que entienden y cumplen su alta misión.

Insistimos que, en el rescate de valores, es obligación el aporte cívico y desinteresado de todos: Gobierno, maestros, padres de familia y medios de comunicación, prensa, radio y televisión.

Oswaldo Ávila Figueroa –  ex docente universitario

NO BASTA CON NO SER MALO

“Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 5, 20-22a).

El termino “fariseos” esta tan desprestigiado, que nos resulta difícil comprender lo que nos quería decir Jesús cuando ponía esa comparación e invitaba a sus discípulos a ser mejores que ellos. En realidad, en aquella época los fariseos eran los más religiosos, observantes y fieles defensores de Dios. Si tuviéramos que buscar un equivalente, diríamos que eran los de “misa diaria”; esta comparación nos es justa e incluso es ofensiva en si misma, pero nos sirve para entender que los apóstoles estaban siendo invitados a ser mejores que los mejores judíos. Pero ¿mejores en que?

Desde luego no se trataba de ser más puntilloso y exigentes en cuestiones litúrgicas o en asuntos rituales (descanso del sábado, reglas culinarias, impuestos al templo, etc.). Lo que Jesús quería era que se superara por arriba la limitación que mantenía encorsetado el corazón del buen judío, del fariseo. Ciertamente, esto solo lo pudieron entender bien los apóstoles al final de la vida de Cristo (cuando en la Ultima Cena, les da el mandamiento nuevo) y, sobre todo, después de la venida del Espíritu Santo.

Pero ya entonces pudieron comprender algo de lo que el Señor quería enseñarles. Para Jesús no se trataba de quedarse contento con no hacer el mal o cumplir las leyes; lo que El pedía  a sus seguidores es que fueran más allá, que hicieran todo el bien posible, que no se quedaran satisfechos hasta que no hubieran ayudado al prójimo con todas sus fuerzas. Cristo no pedía ni pide imposibles; pide, simplemente, que amemos. Y amar empieza por no hacer el mal y sigue por hacer el bien. Como El hizo.

P. Santiago Martin fm

SER SAL Y SER LUZ

Una de las mejores cosas que nos dijo Jesús de nosotros es precisamente lo que aparece en el Evangelio del ultimo domingo: ser sal, ser luz. El asunto está en que ser sal y en qué ser luz.

Partamos que las cosas existen, pero sin luz no tienen contorno ni color, y que la comida puede estar hecha, pero sin la sal no tiene sabor.

Ser sal, ser luz, es hacer que las cosas siendo las mismas sean distintas, sean brillantes, sean atractivas, sean sabrosas. Ahora viene el cometido de aplicar estos conceptos a la trama de nuestra vida cristiana y humana. Hoy en gran medida todo perdió brillo y sabor, por eso se busca lo espectacular, lo adrenalínico, lo emocionante. En efecto, la familia es aburrida, el televisor prendido, cada uno en internet, es solamente un dormidero, le falta luz, le falta sabor. Algunos dicen, la misa es aburrida, el rosario es aburrido.

En el mundo en que vivimos solo parece tener luz y sabor de amiguismo, el celular, la borrachera, el bailongo, la velocidad, la discoteca, la pelea, el terror, los desenfrenos, las adicciones, cualquiera sean, droga, juego, la droga del sexo como lo es siempre fuera de la instancia familiar, etc.

En el fondo, se busca fuera de la vida, porque la vida misma perdió luz y sabor. ¿Y que se encuentra? La hipotermia espiritual, se gastan las pocas energías en esa experiencia terrible que lleva a rechinar dientes, como en toda hipotermia.

De esa forma advertimos que debemos ir en rescate de la vida misma, tan terriblemente vulnerada. ¿Cómo? Dándole sentido. Si, dándole sentido. Sentido es orientación, es proclamar a donde vamos, a Dios.

Sin la meta de Dios dejamos de ser pfeeregrinos y pasamos a ser vagabundos, como afirma el papa Francisco en la Evangelii Gaudium, o transitamos la multiplicidad de senderos que no llevan a ninguna parte, como dice la Lumen fidei. Qué triste y desolador es no saber para qué, ni por qué es lo que hacemos y somos, o creer que lo que hacemos y somos es para el tener y el placer, y porque a los demás les cae bien, así sea esto el aborto y la unión gay o simplemente la mundanidad contenida en las pautas recién señaladas como hipotermia espiritual.

La vida cristiana ofrece el más bello sentido a realidades que el mundano considera patéticas, como la pobreza y el dolor; nos dice que la libertad es elegir lo mejor, ser elegantes (saber elegir); nos dice que es la felicidad, que no puede ser lo que nos pudre, ya que esto nos aleja de Dios y nos hace perder el precioso tiempo en la nada; nos enseña a vivir con sublimidad, como Cristo. Nos propone la castidad; al joven, al célibe, al viudo y al casado les regla la sexualidad para que esta no los animalice.

Fe, esperanza, caridad, eso es ser sal y ser luz.

Cuando se pierde la fe, todo pierde sentido, por eso en la parábola del sembrador el enemigo lo primero que hace es quitar la fe, la poca que queda la seca con tristezas o la pudre con falsas alegrías. Y señalemos la última instancia, la vida interior. El que la tiene, posee el secreto de la juventud, porque todos los días cuando abre la ventana descubre el sol como nuevo; cuando el sol es el mismo de ayer, ya es viejo. Pero la vida interior necesita paz interior, por eso ahí viene la confesión.

También tenemos la Eucaristía; pero es un verdadero despropósito “también”. ¿Qué?, ¿acaso no es toda la luz y la sal? Y también tenemos a María, “también”. ¿Cómo entonces no ser sal y luz?

Hasta pronto

¿Sabes cual es tu problema?

Que estás lleno de ti y vacío de Dios.

Esta enfermedad del corazón, que consiste centrarse en uno mismo, tiene manifestaciones distintas en nuestras vidas. Hoy nos vamos a centrar en el egocentrismo y en la susceptibilidad.

Una palabra que tiene que ver con el egoísmo es el egocentrismo. Se trata de una actitud frente a la vida en la que todo se plantea haciendo referencia a la propia persona: lo que “me” puede afectar, lo que “soy” capaz de hacer, lo que “me” beneficia, lo que “me” conviene… No debemos olvidar que estos planteamientos tienen mucho que ver con la forma en que hemos sido educados. No es ninguna novedad que la sociedad actual fomenta esta actitud, ya que promueve el individualismo y el subjetivismo. Después de haber reflexionado largamente sobre este tema, es el momento de preguntarnos como superar este egocentrismo, que produce tanta inmadurez entre las personas. El remedio para esto lo encontraremos, si somos capaces de salir de nosotros mismos y de ese mundo enrarecido de nuestro propio yo.

En gran medida, el cauce para modificar esta actitud es abrirse a los intereses de los demás, descubrir el sentido de la solidaridad, dejar de pensar en uno mismo, para comenzar a pensar primero en los demás. Sin embargo, lo que permitirá salir verdaderamente del propio yo para romper esa dura coraza que es el egoísmo será enfocar la vida no desde los propios criterios sino desde los del Evangelio. Allí Jesús nos exhorta al olvido de nosotros mismos y a la entrega a los demás, partiendo de la enseñanza presente en su propia vida, lo cual es el sustrato básico  para modificar la actitud egocéntrica. Si no hay una antropología cristiana, es difícil – si no imposible- modificar la actitud egocéntrica, por eso hacemos esta súplica:

“Señor Jesús, que hermosa enseñanza nos dejas: debemos olvidarnos de nosotros mismos para poder curar esta enfermedad que nos hace tanto daño, porque nos lleva a tener una mirada rastrera de la vida, olvidándonos del que hombre es hombre en la medida en que se olvida de sí mismo y se entrega generosamente a los demás. Ayúdanos con tu gracia a darnos cuenta de las veces que pensamos y actuamos de ese modo tan egoísta”.

Otras manifestaciones

La otra manera en la cual se puede manifestar el egocentrismo es la suspicacia o susceptibilidad.

Esta tiene raíz en el egocentrismo y la complicación interior. “Que si no me tratan como merezco…, que si ese que se ha creído.., que no me tiene consideración…, que no se preocupan de mi…, que no se dan cuenta…”, y así ahogan la confianza y hacen realmente difícil la convivencia con ellos.

La suspicacia o susceptibilidad es la actitud de desconfianza y de recelo con relación a los demás, que limita la empatía y enrarece la convivencia. Las que la sufren son personas que se fían poco de los demás, que siempre están pensando que existe una doble intención en lo que dicen los otros y se mantienen en guardia permanente por lo que estos pudieran hacer. No es difícil suponer que esta actitud o desequilibrio emocional esté en casi todas las personas, ya que es fruto de agravios o vivencia de daños o perjuicios por parte de otros. Esta suspicacia puede tener su origen en pautas de crianza y estilos de aprendizajes en los que ha remarcado mucho el carácter hostil del mundo  y la convivencia humana. Veamos algunos ejemplos de ideas para alejar ese peligro:

  • Guardarse de la continua sospecha, que es un fuerte veneno contra la amistad y las buenas relaciones familiares;
  • No querer ver segundas intenciones en todo lo que hacen los demás;
  • No ser tan ácidos, tan críticos, tan cáusticos, tan demoledores: no se puede ir por la vida dando manotazos a diestra y siniestra;
  • Salvar siempre la buena intención de los demás: no tolerar críticas en la casa sobre familiares, vecinos, compañeros o profesores de los hijos;
  • Confiar en que todas las personas son buenas mientras no se demuestre lo contrario: cualquier ser humano, visto suficientemente de cerca y con buenos ojos, terminara por parecernos, en el fondo, una persona encantadora (Plotino decía que todo es bello para el que tiene el alma bella); es cuestión de ver con buenos ojos, de no etiquetarla por detalles de poca importancia ni juzgarla por la primera impresión externa;
  • No hurgar en heridas antiguas, resucitando viejos agravios o alimentando ansias de desquite;
  • Ser leal y hacer llegar nuestra crítica antes al interesado: darle oportunidad de rectificar antes de condenarlo, y no justificarlo con un simple “si ya se lo dije y no hace ni caso…, porque muchas veces no es verdad.
  • Soportarse a uno mismo, porque muchos que parecen resentidos con las personas que lo rodean, lo que en verdad sucede es que no consiguen luchar con deportividad contra sus propios defectos.
  • Reflexionemos en cómo podemos mejorar esto. Como decíamos al comienzo, partiendo en una actitud basada en los criterios del Evangelio, cambiando la visión, haciendo descubrir que todos tenemos defectos, que no somos perfectos… En síntesis, entrar en una espiritualidad de comunión que nos haga ver más allá de nuestras mezquindades y descubrir el profundo mensaje de amor a los demás que pasa también por poner la otra mejilla.

Pbro.Dr. Jorge A. Gandur

Recuperar la dignidad

Alguien dijo que en los años 60 y 70 la idea que funcionaba era la de la justicia y la verdad, por eso muchos jóvenes se metieron en los montes abrazando una lucha armada en búsqueda de una sociedad más justa. No habiendo funcionado esto, de allí en más predomino la idea de la libertad y la felicidad, lo que produjo los actuales e imaginables descalabros. ¡No se asumen proyectos de vida matrimonial ni vocacional tras una forma tan equivocada y pagana de ver lo que es el binomio libertad-felicidad, debido a la idea, el ideal obviamente mal concebido, que manejaron las posteriores generaciones! El hijo prodigo estuvo en esta.

¿Cuál es la palabra ultima que el Padre y la vida cristiana ofrecen como propuesta valedera? Dignidad, si, dignidad.

Precisamente eso ha perdido nuestro mundo, que es el hijo prodigo de toda la historia, hasta el punto de ver señoritas con latas de cerveza tiradas en el piso a las 5 de la mañana, tatuajes, piercing, estrafalarios vestidos y peinados, vocabulario denigrante, agresiones físicas filmadas y denunciadas como hazaña y mil cosas más.

¿Qué devuelve el padre? La dignidad. El anillo, la sandalia, la vestimenta. ¿Qué nos ofrece la Iglesia? Nuestra dignificación en su magníficos edificios y ceremonias para que nos sintamos herederos  del Cielo, hijos de Dios, comensales del banquete eucarístico. ¡Qué consolador es ver a una novia como princesa entrar al templo de Dios para recibir la bendición sobre su amor y su proyecto de vida!

Así nos trata Dios, así nos tratamos nosotros mismos lejos de Dios.

El drama del hermano mayor es no querer participar de una dignidad que de esta forma no la aprecia  en toda su magnitud, se opone al festín que el padre ha organizado y no se da cuenta de que toda su vida ha sido un festín, vivir dignamente. La fiesta es para dignificar y así deberían ser todas nuestras fiestas, pero una fiesta orgiástica con beberajes y desenfrenos, no dignifica.

Hasta esta pregunta deberíamos formularnos: ¿nuestras fiestas nos dignifican o son todo lo contrario? Entendemos a Dios, El nos dignifica, solamente El. Examinémonos ya en calidad de hermanos mayores que nunca terminaron de apreciar un vivir dignificante (en gracia), o de hermanos menores que recién apreciaron la dignidad cuando lo perdieron.

El alimento del amor

Más que una caricia o palabra, está la vida que compartimos y construimos juntos

Un estilo de vida excesivamente permisivo e indulgente con uno mismo es quizá una de las mayores hipotecas vitales que se pueden padecer

Un estilo de vida excesivamente permisivo e indulgente con uno mismo es quizá una de las mayores hipotecas vitales que se pueden padecer

 

Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los chicos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando este se apaga y no entrar en la hueca monotonía del matrimonio.

Toda una vida

El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente: Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Mi padre como pudo la subió a la camioneta y a toda velocidad, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló y casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él, recordando hermosas anécdotas. Mi padre escuchaba con atención, de pronto pidió que lo lleváramos al cementerio. “¡Papá”, respondimos, “son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora”. Alzó la voz dijo: “No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años.

Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: “Fueron 55 años… ¿saben?, nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”. Hizo una pausa y se limpió la cara. “Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. Cuando cambié de empleo y cuando vendimos la casa. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos juntos la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores…

El verdadero amor

Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera…”.

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, más bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas”. Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle; ese tipo de amor era algo que no conocían.

 

Las heridas de los jóvenes

Grandes males de la juventud de hoy (narcisismo, pansexualismo y desconfianza) y como ayudarla. Texto de una Conferencia de Mons. José Ignacio Munilla 

El Pansexualismo es el “hipererotismo ambiental”, “el bombardeo de erotismo”, que “facilita las adicciones y conductas compulsivas”, provoca innumerables desequilibrios y la falta de dominio de la propia voluntad, hasta el punto de hacernos incapaces para la donación”.

“Como hay muchos jóvenes que han nacido y crecido en este contexto cultural pansexualista, llegan a percibirlo como normal. Es lo que ocurre a quien ha nacido y vivido a seis mil metros de altura: se ha acostumbrado a esa presión atmosférica. Pero aunque él no lo perciba subjetivamente, la presión atmosférica en la que vive afecta objetivamente a su organismo y a su salud”.

La sociedad primero separó el sexo de la procreación (sexo sin niños con la anticoncepción: niños sin sexo, con la fecundación artificial). “Se banaliza el gesto sexual, pasando a ser un gesto sin densidad y sin trascendencia, incluso llegando a convertirse en una mera diversión, un juego”.

Después la sociedad separo el amor del matrimonio y a continuación, el sexo del amor.

El sexo ya no es para el amor. Ni siquiera necesariamente para el placer. Puede ser para la venganza, para la queja…

Así el sexo para a ser “un instrumento para hacerse daño el uno al otro”. Esto último, lo de utilizar el sexo para vengarse o hacerse daño, es muy frecuente: “Si él ha jugado conmigo, yo también sabré jugar con otros. No voy a volver a sufrir de esta manera, no me volverán a hacer daño. Simplemente me divertiré con ellos”.

“Se llega a sembrar la idea de que la libertad se identifica con no comprometerse; es decir: la fidelidad implicaría esclavitud, mientras que la infidelidad implicaría libertad”.

Como vencer el pansexualismo

Monseñor José Ignacio Munilla es directo y propone “rescatar la virtud de la castidad de su impopularidad”. Para poder ´darse´ primero hay que ´poseerse´. Nadie puede decir en verdad a Dios: ´Señor, aquí me tienes, soy todo tuyo´, si no se ha tomado en serio la batalla de la realeza cristiana, es decir, la batalla de la castidad, entre otras cosas. Es importante que transmitamos a los jóvenes que la conquista del mundo pasa por la conquista de uno mismo”.

Para eso la “castidad está muy ligada a la sinceridad, a la transparencia en las relaciones afectivas”. “La batalla por la castidad puede ser a veces una batalla larga. En estas ocasiones hay que aplicar la máxima: no hacer las paces con la tentación, pero tampoco perder la paz por verse tentado”.

Segunda herida: así funciona la desconfianza

Monseñor Munilla se refiere al “síndrome de desconfianza”: “inseguridad en uno mismo, acompañado de una notable dificultad para confiar en otros y en Dios. La herida afectiva de la desconfianza supone la sensación de no pisar suelo firme y el temor por el futuro”.

Hablando con personas mayores “no es extraño escucharles contar que nacieron y vivieron sin cerraduras en las puertas de sus hogares”. La desconfianza no siempre marco a los jóvenes. Va ligada a la soledad, que es “uno de los grandes dramas de nuestros tiempos; y difícilmente podrá ser paliada por la comunicación en las redes sociales, en numerosas ocasiones en el anonimato, a través  de un nick falso o inidentificable”.

Una sociedad con divorcio frecuente es además una sociedad que genera desconfianza, incluso si no llega a producirse la ruptura: “Cuando un niño o un adolescente desde su habitación escucha a sus padres discutir, faltándose al respeto, llega a albergar dolorosas dudas sobre si su familia continuara unida al día siguiente o si tomará la decisión de la separación… No dudemos de que así se están poniendo las bases del síndrome de la desconfianza”.

“Las traiciones en las amistades, así como las infidelidades en las relaciones amorosas, pueden provocar una decepción y una desconfianza generalizada hacia todos y hacia todo. Se llega a desconfiar de la vida en sí misma, tal vez incluso, se llega a desconfiar de Dios, autor de la vida.

Como vencer la desconfianza

Moneñor Munilla recuerda a san Juan Bosco, un gran evangelizador de jóvenes que se ganaba a los muchachos demostrando que él si confiaba en ellos. “Cuando un joven comprueba que nos fiamos de él, que poco a poco vamos delegando en él pequeñas responsabilidades, que lo sentimos como miembro vivo de la Iglesia y no como mero cliente de ella, entonces empieza a superar su tendencia a la desconfianza. Es decir, el método podríamos resumirlo así: Si quieres que alguien confíe en Dios, empieza tu por confiar en él”.

Al joven no podemos transmitirle la imagen de que lo queremos interesadamente: exclusivamente para darle un sacramento. ¡No! Lo queremos a él, nos interesa él, su vida, sus inquietudes, sus problemas…”

¿Y sabes una cosa?, ¡El corazón no es de quien lo rompe, sino de quien lo repara! Es decir, el corazón del joven es de Cristo, es del Corazón de Cristo”.

Mons. José Ignacio Munilla – Obispo de San Sebastián, España

Cinco falsas concepciones de lo divino

 

 

Dios existe

 

Materialismo, dualismo, panteísmo, idolatría y sincretismo

1)      MATERIALISMO:

¿Quién lo hizo a Dios?

La respuesta más elemental a la pregunta quien hizo a Dios la daba el viejo catecismo: “Dios siempre ha existido y siempre existirá”, es decir que ser Dios es no necesitar que nadie lo haya hecho. Crear, reproducir, significa que en determinado momento se da existencia a determinados seres. ¿Qué sucede cuando únicamente existe un ser que no tiene momento, que no tiene tiempo?

Si alguien lo hubiese hecho a Dios, ese sería Dios, el primer principio existe desde siempre, o Dios ser espiritual e inteligente es eterno, o la materia, pero esto no explica la existencia de un mundo ordenado sabiamente. Filosóficamente la palabra que se utiliza para explicar por qué Dios se hace sempiternamente a Si mismo es “asiedad” (ser por sí) que permite únicamente en Dios que su esencia corresponda a la existencia. En todos los demás seres, ángeles incluidos, las esencias pasan a tener existencia por el poder divino.

Evolucionismo

¿Se puede estar convencido de la teoría de la evolución y creer sin embargo en el creador? Sí. La teología no tiene competencia científico-natural, las ciencias naturales no tienen competencia teológica. Un cristiano puede aceptar la teoría de la evolución como un modelo explicativo útil, mientras no caigas en la herejía del evolucionismo, que ve al hombre como a un producto casual de procesos biológicos. La evolución supone que hay algo que puede desarrollarse. Pero con ello no se afirma nada acerca del origen del ese “algo”. Tampoco las preguntas acerca del ser, de la dignidad, de la misión, del sentido y del porqué del mundo y del os hombres se pueden responder bilógicamente. Así como el “evolucionismo” se inclina demasiado hacia un lado, el creacionismo lo hace hacia el lado contrario. Los creacionistas toman los datos bíblicos (por ejemplo, la edad de la tierra, la creación en seis días) ingenuamente al pie de la letra. Pero hasta ahora la evolución es solo una teoría, una hipótesis.

2)      DUALISMO

Es creencia de dos dioses, uno bueno y uno malo, ofrece una explicación rápida y fácil de por qué existe el mal, eliminando de esta manera el peso de la responsabilidad personal. Sin embargo, ante esto, una primera objeción racional lleva a afirmar que si Dios existe, debe ser el único; si hubiera dos dioses, uno seria el límite del otro. Ninguno de los dos seria infinito, ninguno de los dos sería Dios.

“El maniqueísmo (o dualismo) es una antigua religión o secta que tomo el nombre de su fundador, el sabio persa Mani (c.216- c.276). Básicamente sostiene que hay dos principios de todas las cosas (dualismo): un principio del bien y otro del  mal. El primero ha creado las cosas espirituales, el segundo las materiales. Nosotros sostenemos,  en cambio, que uno solo es el principio de la cosas, que todas las cosas son buenas (como dice el libro el Génesis, vio Dios todo lo que había dicho y todo era muy bueno), por eso se dice en el Credo, Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Sucede que para los maniqueos el fuego era malo porque quemaba, el agua, mala porque ahogaba, y así sucesivamente. San Agustín, en su búsqueda de la verdad formo parte de esta secta durante nueve años, desde el 373 hasta el 382, se encargó, luego de su conversión, de refutarla brillantemente y de poner en ridículo a sus partidarios. No existe un Dios del mal, creador de todo lo malo; el mal es ausencia o privación del bien. Por ejemplo, no existe la ceguera propiamente hablando, lo  que existe es el animal ciego, es decir, privado de la potencia visiva. No puede existir un mal absoluto, un mal puro, esto es una contradicción, puesto que todo lo que existe , es, tiene ser, y lo que es, por ese mismo hecho, es bueno, tiene, al menos, la bondad del ser” (p. Miguel An gel Fuentes).

Cuando se da excesiva importancia al mal se cae inconscientemente en este error. Esto sucede cuando todo mal se adjudica a prácticas rituales de tipo esotérico, como la brujería, se habla del demonio en todo tiempo. Películas de terror y literaturas de este corte difunden esta mentalidad donde la curiosidad, el miedo, la ignorancia causen perplejidad y desorientación.

3)      PANTEÍSMO

Cuando afirmamos que Dios es creador estamos afirmando también que toda la realidad es creada: el planeta tierra, los mares, los animales, el mundo vegetal y el mundo mineral son creaturas de Dios. Por eso Dios no es el mundo y el mundo no es Dios. El mundo es creación de Dios. El mundo, el universo y todo lo que confíen reflejan belleza y la armonía de Dios, pero no son Dios. Juan Pablo II en el libro cruzando el umbral de la esperanza afirmo que el panteísmo en el fondo es ateo. Si todo es Dios, nada es Dios.

Los daños inferidos al planeta han suscitados movimientos ecológicos como los “verdes”, que fácilmente encuentran en el panteísmo su religión, donde no existe un Dios personal y superior, sino todo es Dios, utilizando una mística oriental de corte budista-induista que no solo disuelve  y despersonifica a Dios fundiéndole con la creación, sino al mismo hombre, con la idea de la reencarnación, la cual destruye la visión del ser humano como persona. Practica como la astrología, el yoga, que centra al hombre en sí mismo y no en Cristo, y todo el variado contenido en lo que se da a llamar New Age, hacen del panteísmo un sistema que influye en la mentalidad y costumbres de hoy.

4)      IDOLATRÍA

“Posiblemente Dios no existe, disfruta la vida”. Hace un año circularon con estos carteles en las principales ciudades del mundo los así llamados “buces ateos”. ¿Qué se podría contestar? ¿Disfrutar la vida ahora que el silencio de Dios  en la sociedad ha producido crisis económicas  en los más poderosos países, el terrible invierno demográfica que genera el genocidio de las esplendidas razas, los jóvenes que no solo rompen proyectos de vida, sino que ni siquiera se los plantean –droga, sida, aborto, etc. –?  ¿Eso es disfrutar la vida, eso es lo que Dios estaría impidiendo?. Por otra parte, ¿cómo se puede disfrutar la vida que sin Dios no tiene ningún sentido? ¿Pero en lo más profundo de la cuestión no se está diciendo que si no hay Dios, no te queda ninguna otra cosa que disfrutar la vida?, ya que con esto se alude al gozo egoísta, animal, comido, excepto de toda generosidad, de heroísmo y de sentido superior de la existencia. Esta en efecto se endereza a su realización por la madurez, esta incluye la capacidad de gozar sin daño, que es la virtud de la templanza, pero nunca va poner el disfrute como razón suprema de la existencia, al modo que los paganos hacían “Pan y circo”. ¿De qué otra forma se les podría contestar?. En definitiva, el ateísmo tiene muchas formas de disfrazarse: el panteísmo, el dualismo, y el peor de todos, el ateísmo practico, es decir, que existe Dios y vivir como si Dios no existiese rindiendo culto idolátrico al placer, al tener, al poder, los ídolos de siempre. Creer verdaderamente en El comporta encontrar en su voluntad el eje de nuestro vivir y poder decir como San Agustín: “Para ti nos hiciste Señor, e inquieto estará nuestro corazón hasta no descansar en ti”. Precisamente esta campaña de los buces ateos nos permite advertir como la idolatría es una actitud existencial más que una postura intelectual, por la cual el hombre busca la felicidad y la realización personal en lo mismo que los antiguos paganos idolatras; le piden al verdadero Dios lo mismo que los paganos le pedían a las falsas divinidades.

5)      POSTURAS SINCRÉTICAS

La mayoría de la veces el tema de la existencia de Dios es objeto de lamentables incongruencias. A la par que se sustentan conceptos verdaderos y vivencias auténticas, se mezclan componentes extraños y adulterinos. Se dice que existe Dios, pero se vive como si Dios no existiese, de esta manera no se dan gracias, no se pide perdón… Por ejemplo, se declaran católicos pero van a que se le tiren las cartas, se acude a oráculos de adivinos, se tiene excesivo miedo a las hechiceras en una clara postura dualista. También se acude a misas y a las catequesis y retiros, pero a la vez se practican ciertos orientalismos de corte reencarnacioncitas y meditaciones de encuentro con la propia y presunta armonía y no con Dios, fuente de  la verdadera paz, este a su vez confundido, fusionado con la creación, a la cual si se le rinde un verdadero culto en clave de ecologismos desaforados. Hace poco de esto hallaba el papa Francisco diciendo que Dios no es un “Spray”.

Hasta aquí podemos coincidir acerca del misterio de Dios todos los cristianos, católicos o no, judíos y mahometanos. Ahora vamos a introducirnos en la intimidad divina valiéndonos para ello de lo que el mismo Dios nos ha enseñado, nos lo ha revelado con palabras y hechos.

Es como si el misterio de Dios fuese una casa. Todos llegamos fácilmente al acuerdo de que esa casa es Dios, su existencia, y aún más todavía, sus características generales y atributos, es eterno, todopoderoso, omnisciente (todo lo sabe), es infinito, etc. ¿Pero quién conoce esa casa por dentro? Nosotros los cristianos nos hemos adentrado en la intimidad divina porque Dios mismo la ha revelado.

Un Dios amor

Hemos venido al mundo por un acto de amor de nuestros progenitores, y del mismo modo Dios nos ha proyectado desde siempre desde su amor. ¿Pero cómo puede amar un ser que es único? El amor presupone que existe quien sea amado y quien ame. Por eso el misterio trinitario explica lo que los Evangelios  dicen de Dios: Dios es amor. Pero Dios no se limitó a ser amor, a crear las cosas por amor, sino que dio el mandamiento del amor y creo los ámbitos del amor y de la unidad: la familia en primer lugar y la iglesia como familia universal de todos los pueblos, invitándonos a que cada realidad humana pueda asumir esta característica trinitaria y familiar. Parroquias, diócesis, naciones, clubes, colegios, lugares de trabajo, etc., allí donde hay amor, allí esta Dios, que es amor, que es trinidad, que todo lo creo desde el amor y para el amor y la unidad; tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

Santísima Trinidad

Misterio de amor

Misterio no significa incomprensibilidad, sino una luminosidad superior. No es oscuridad, es exceso de luz, de tal modo que la razón queda enceguecida por ese exceso. Ya decía Platón que si el hombre logra comprender a Dios, o Dios no es Dios o el hombre es Dios. El hombre accede a tal conocimiento porque es Dios quien lo ha revelado. En primer lugar por enviar a su Hijo, que en Sí mismo ya nos habla de una segunda persona en el misterio de Dios, y en segundo lugar porque el mismo Hijo prometió y envió al Espíritu Santo, la tercera Persona, lo que celebramos en Pentecostés.

También en el momento tan solemne del Bautismo del Señor, en el cual el Padre hace oír su voz reconociendo al Hijo como su unigénito, allí, como todos sabemos, aparece el Espíritu Santo en forma de paloma, como es su más frecuente caracterización, como el animal manso y benigno que nos hace suponer su bondad y ternura. El Espíritu Santo trabaja en nuestras almas por sus siete sagrados dones, actúa en cada acción sacramental, en cada misa transforma el pan en Cuerpo y el vino en Sangre de Cristo, en cada confesión… En cada uno de nosotros desciende el día de la Confirmación, dándonos sobre todo la tan necesaria fortaleza que hizo de los intimidados apóstoles leones de la fe el día de Pentecostés.

Adoremos este misterio que será nuestro deleite por toda la eternidad, pregustándolo anticipadamente, y agradezcamos el que nos haya elegido para dárnoslo a conocer. Miremos a María, tríptico de la Trinidad, hija, madre y esposa del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, y pidámosle el espíritu de adoración y sabiduría que es conocimiento que hace sabrosa la experiencia de Dios.

Cara a cara con los hijos adolescentes

Los que han salido de la etapa de la niñez están en una edad llena de trasnformaciones y de nuevas experiencias, por eso tenemos que cambiar nuestro registro comunicativo

Los que han salido de la etapa de la niñez están en una edad llena de trasnformaciones y de nuevas experiencias, por eso tenemos que cambiar nuestro registro comunicativo

Los padres tenemos que decir mucho a nuestros hijos, sin embargo, si no acertamos con el modo de hacerlo, probablemente no les llegue el mensaje y todo nuestro esfuerzo no servirá de nada. La forma de hablar con un hijo o una hija adolescente no puede ser la misma que utilizábamos hace unos años, cuando era un niño o una niña. Ahora está en una edad diferente, llena de trasformaciones y de nuevas experiencias, su universo ha cambiado y a nosotros  ya no nos ve igual que antes. Por eso, tenemos que cambiar nuestro registro comunicativo.

Para tener en cuenta

Para que la comunicación con nuestros hijos adolescentes sea más eficaz deberíamos tener en  cuenta algunas consideraciones generales, como las siguientes.

  • Afrontar con calma el conflicto. Un conflicto es una ocasión para educar. Si lo eludimos, estamos validando lo que ha hecho o ha dicho, si lo silenciamos, lo damos por bueno.
  • Comenzar nuestro dialogo con un comentario positivo, mirándole a los ojos y estableciendo un contacto físico.
  • Tratar un solo tema cada vez e intentar verlo desde su punto de vista. Abrumarlo con muchas cuestiones, aunque sean importantes, nos lleva más que a confundirlo a desanimarlo. Ser específicos y breves.
  • No dramatizar ni  perder el control. Si lo hacemos, estaremos cerrando puertas. Cuando estamos nerviosos decimos lo que no queríamos decir y tomamos decisiones poco razonables.
  • Nunca prejuzgar ni ponerle trampas. Debemos ir siempre con la verdad por delante, decir las cosas claras y no intentar engañarle. Evitar los dobles mensajes y ambigüedades.
  • Respetar su intimidad. Aceptar las confidencias que nos quiera hacer, sin forzar, y no desvelarlas jamás.
  • Primero escuchar y entender, para después dialogar. No utilizar el monologo disfrazado de dialogo, cuando solo nos escuchamos a nosotros mismos.
  • Hablar de lo que observamos no de los que nos parece. Evitar las suspicacias.
  • No etiquetar. Si lo hacemos, habremos precintado la posibilidad de cambio.
  • Buscar las causas inmediatas, no las remotas. Olvidarnos de los errores del día anterior, centrarnos en las soluciones y llegar a un compromiso muy concreto, incluso ponerlo por escrito.
  • Dar oportunidades de que se desahogue, de que exprese sus sentimientos. También respetar sus silencios.
  • Nunca llevar a cabo acusaciones ni agresiones (físicas o verbales).
  • Ponerles ejemplos de nuestra propia experiencia sin caer en el “padre batallitas”.
  • No pretender tener la razón en todo. También los padres nos podemos equivocar.
  • Tener presente que la perfección no existe. No hemos de pretender la solución perfecta, sino ir consiguiendo pequeñas metas.
  • Llegar a establecer pactos. No caer en el “todo o nada”. Ser Flexibles.
  • Hacerle ver que estamos en el mismo equipo.
  • Decirle que lo queremos.

Probablemente estas pautas nos servirán para mejorar la comunicación. No se pierde nada por intentarlo, y todo lo que se consiga será ganancia tanto para nosotros como para nuestros hijos. (Pilar Guembe y Carlos Goñi / Adaptado)