8 cosas que necesitas saber sobre la Inmaculada Concepción

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Este 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula Ineffabilis Deus.

Para entenderlo mejor y saber cómo celebrarlo, te presentamos a continuación ocho cosas que necesitas saber:

1.      ¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?

Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a lamanera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que ella tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

2.      ¿Qué es la Inmaculada Concepción?

La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante”. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia”. En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

‘… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’.

3.      ¿Significa esto que María nunca pecó?

Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la Toda Santa” (Panaghia), la celebran “como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo”. Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

4.      ¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?

No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”. El Catecismo afirma:

492 Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción”, le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo”. El Padre la ha “bendecido […] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor”.

508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, “llena de gracia”, es “el fruto más excelente de la redención”; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

5.      ¿Cómo se entonces a María en paralelo a Eva?

Adán y Eva fueron creados inmaculados –sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar.

Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado.

Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva.

El Catecismo señala:

494 … “Ella, en efecto, como dice san Ireneo, ‘por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano’. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar ‘el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe’. Comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: ‘la muerte vino por Eva, la vida por María’”.

6.      ¿Cómo se hace María un ícono de nuestro destino?

Aquellos que mueren en la amistad con Dios y así para ir al Cielo serán liberados de todo pecado y mancha de pecado. Seremos así todos vueltos “inmaculados” (Latin, immaculatus = “intachable”) si permanecemos fieles a Dios.

Incluso en esta vida, Dios nos purifica y prepara en santidad y, si morimos en su amistad pero imperfectamente purificados, él nos purificará en el purgatorio y nos volverá inmaculados. Al dar a María esta gracia desde el primer momento de su concepción, Dios nos muestra una imagen de nuestro propio destino. Él nos muestra que esto es posible para los seres humanos a través de su gracia. San Juan Pablo II señaló:

En contemplación de este misterio en una perspectiva mariana, podemos decir que “María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión”.

“Fijemos, por tanto, nuestra mirada en María, icono de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, pero orientada a la meta gloriosa de la Jerusalén celestial, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor”.

7. ¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción para que pudiera ser Madre de Jesús?

No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era “apropiado”, algo que hizo que hizo de María una “morada apropiada” (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario. Así, en preparación para definir el dogma, el Papa Pío IX declaró:

“…y por eso afirmaron (los Padres de la Iglesia) que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”.

“Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad”.

8. ¿Cómo celebramos la Inmaculada Concepción hoy?

En el rito latino de la Iglesia Católica la Solemnidad de la Inmaculada Concepción es el 8 de diciembre y en muchos países es una fiesta de guardar; por tanto el fiel católico debe asistir a Misa

Traducido por Eduardo Berdejo. Publicado originalmente en National Catholic Register 

“La familia se libere de las colonizaciones del dinero y de las ideologías”, el Papa en la Catequesis

"La familia se libere de las colonizaciones del dinero y de las ideologías", el Papa en la Catequesis

“La familia se libere de las colonizaciones del dinero y de las ideologías”, el Papa en la Catequesis

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Esta es nuestra reflexión conclusiva sobre el tema del matrimonio y de la familia. Estamos en las vísperas de eventos bellos y que requieren empeño y compromiso que están directamente relacionados con este gran tema: el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia y el Sínodo de los Obispos aquí en Roma. Ambos tienen un respiro mundial, que corresponde a la dimensión universal del cristianismo, pero también al alcance universal de esta comunidad humana fundamental e insustituible que es la familia.

El actual pasaje de civilización aparece marcado por los efectos a largo plazo de una sociedad administrada por la tecnocracia económica. La subordinación de la ética a la lógica de la ganancia tiene grandes recursos y de apoyo mediático enorme. En este escenario, una nueva alianza del hombre y de la mujer se convierte no solo en necesaria sino también en estratégica por laemancipación de los pueblos de la colonización del dinero. Esta alianza ¡debe volver a orientar la política, la economía y la convivencia civil! Esta decide la habitabilidad de la tierra, la transmisión del sentimiento de la vida, los vínculos de la memoria y de la esperanza.

De esta alianza, la comunidad conyugal-familiar del hombre y de la mujer es la gramática generativa, el “nudo de oro” podemos decir. La fe la recoge de la sabiduría de la creación de Dios: que ha confiado a la familia, no el cuidado de una intimidad en sí misma, sino con el emocionante proyecto de hacer “doméstico” el mundo. La familia está al inicio, a la base de esta cultura mundial que nos salva; nos salva de tantos, tantos ataques, tantas destrucciones, de tantas colonizaciones, como aquella del dinero o como aquellas ideologías que amenazan tanto el mundo. La familia es la base para defenderse.

Precisamente de la Palabra bíblica de la creación hemos tomado nuestra inspiración fundamental, en nuestras breves meditaciones de los miércoles sobre la familia. A esta Palabra podemos y debemos nuevamente recoger con amplitud y profundidad. Es un gran trabajo, aquel que nos espera, pero también es muy entusiasmante. La creación de Dios no es una simple premisa filosófica: ¡es el horizonte universal de la vida y de la fe! No hay un designio divino diverso de la creación y de su salvación. Es por la salvación de la creatura -de cada creatura- que Dios se ha hecho hombre: «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», como dice el Credo. Y Jesús resucitado es el «primogénito de cada creatura» (Col 1,15).

El mundo creado está confiado al hombre y a la mujer: lo que pasa entre ellos da la marca a todo. El rechazo de la bendición de Dios llega fatalmente a un delirio de omnipotencia que arruina cada cosa. Es lo que llamamos “pecado original”. Y todos venimos al mundo con la herencia de esta enfermedad.

A pesar de eso, no somos malditos, ni abandonados a nosotros mismos. La antigua narración del primer amor de Dios por el hombre y la mujer, ¡tenía ya páginas escritas con fuego, al respecto! «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo» (Gen 3,15a). Son las palabras que Dios dirige a la serpiente engañadora, encantadora. Con estas palabras Dios marca a la mujer con una barrera protectora contra el mal, a la cual ella puede recurrir –si quiere- por cada generación. Quiere decir que la mujer tiene una secreta y especial bendición, ¡para la defensa de su creatura del Maligno! Como la Mujer del Apocalipsis, que corre a esconder el hijo del Dragón. Y Dios la protege (cfrAp 12,6)

¡Piensen cuál profundidad se abre aquí! Existen muchos lugares comunes, a veces incluso ofensivos, sobre la mujer tentadora que inspira el mal. En cambio hay espacio para una teología de la mujer que esté a la altura de esta bendición de Dios ¡para ella y para la generación!

La misericordiosa protección de Dios hacia el hombre y la mujer, en cada caso, nunca falta a ambos. ¡No olvidemos esto! El lenguaje simbólico de la Biblia nos dice que antes de alejarlos del jardín del Edén, Dios hace al hombre y a la mujer túnicas de piel y los viste (cfr Gen 3,21). Este gesto de ternura significa que también en las dolorosas consecuencias de nuestro pecado, Dios no quiere que nos quedemos desnudos y abandonados a nuestro destino de pecadores. Esta ternura divina, este cuidado hacia nosotros, la vemos encarnada en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios «nacido de mujer» (Gal 4,4). Y siempre san Pablo dice todavía: «mientras éramos todavía pecadores, Cristo ha muerto por nosotros» (Rom 5,8). Cristo, nacido de mujer, de una mujer. Es la caricia de Dios sobre nuestras llagas, sobre nuestros errores, sobre nuestros pecados. Pero Dios nos ama como somos y quiere llevarnos hacia adelante con este proyecto, y la mujer es la más fuerte que lleva adelante este proyecto.

La promesa que Dios hace al hombre y a la mujer, al inicio de la historia, incluye todos los seres humanos, hasta el final de la historia. Si tenemos fe suficiente, las familias de los pueblos de la tierra se reconocerán en esta bendición. De todos modos, cualquiera que se deja conmover por esta visión, a cualquier pueblo, nación, religión pertenezca, se ponga en camino con nosotros. Será nuestro hermano, nuestra hermana. Sin hacer proselitismo, no… Caminamos juntos, bajo esta bendición, bajo este objetivo de Dios, de hacernos a todos hermanos en la vida, en un mundo que va hacia adelante que nace propio de la familia, de la unión del hombre y de la mujer.

¡Dios les bendiga, familias de cada rincón de la tierra! y ¡Dios les bendiga a todos ustedes!

(Traducción del italiano – Mercedes De La Torre – RV).

Jueves Santo

Jueves SantoLa liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, ser espectador de todo lo que aconteció ‘en la noche en que iban a entregarlo’. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavarle los pies.

En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús ‘sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía’ pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como gesto inquietante de una acogida incansable.

San Pablo completa el retablo recordando a todas las comunidades cristianas lo que él mismo recibió: que aquella memorable noche la entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran recordarle y esperar su venida al final de los tiempos, quedando instituida la Eucaristía.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mt 28, 26).

Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento. Sin embargo, en esa Cena, el Señor Jesús celebra su muerte: lo que hizo, lo hizo como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Cor 11, 26).

De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Ultima Cena, sino de la Muerte de Cristo que es Señor, y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: ” un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Jn 16,16).

Como dice el prefacio de este día: “Cristo verdadero y único sacerdote, se ofreció como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya”. Pero esta Eucaristía debe celebrarse con características propias: como Misa “en la Cena del Señor”.

En esta Misa, de manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos “directamente” ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua.

Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una “entrega”, un “darse”, fue “por algo” o, mejor dicho, “por alguien” y nada menos que por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Jn 10,16), y hoy nos dice que fue para “remisión de los pecados” (Mt 26,28).

Por eso esta Eucaristía debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero, en los cantos, en el mensaje, en los signos, no debe ser ni tan festiva ni tan jubilosamente explosiva como la Noche de Pascua, noche en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega, sin el cual hubiera sido inútil; hubiera sido la entrega de uno más que muere por los pobre y no los libera. Pero tampoco esta Misa está llena de la solemne y contrita tristeza del Viernes Santo, porque lo que nos interesa “subrayar”; en este momento, es que “el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna” (Jn 3, 16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros independientemente de que se haya tenido que ser o no, muriendo en una cruz ignominiosa.

Hoy hay alegría y la iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando él “gloria”: es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.

Podríamos decir que la alegría es por nosotros y el dolor por Él. Sin embargo predomina el gozo porque en el amor nunca podemos hablar estrictamente de tristeza, porque el que da y se da con amor y por amor lo hace con alegría y para dar alegría.

Podemos decir que hoy celebramos con la liturgia (1a Lectura). La Pascua, pero la de la Noche del Éxodo (Ex 12) y no la de la llegada a la Tierra Prometida (Jos. 5, 10-ss).

Hoy inicia la fiesta de la “crisis pascual”, es decir de la lucha entre la muerte y la vida, ya que la vida nunca fue absorbida por la muerte pero si combatida por ella. La noche del sábado de Gloria es el canto a la victoria pero teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha pero de quien lleva la victoria porque su arma es el amor.

Fuente: Aciprensa

Alguien debe…

Jesùs entra triunfalmente porque ansìa morir por nosotros.Porque va a vencer el pecado, a la muerte y al demonio, nuestro enemigo.

Jesùs entra triunfalmente porque ansìa morir por nosotros.Porque va a vencer el pecado, a la muerte y al demonio, nuestro enemigo.

Dentro de las insondables riquezas de la Semana Santa la Iglesia nos propone la meditación del Domingo de Ramos de la Pasión según san Marcos y el Viernes Santo, como siempre, según san Juan. Para santo Tomas de Aquino la Pasión de Cristo tiene que aleccionarnos sobre el amor de Dios y la negrura del pecado. Pero el ánimo que mueve a Cristo de su proeza es restituir el equilibrio de la creación que se ve afectado por la tremenda injusticia de las ofensas al Creador. Alguien debe pagar la enorme deuda, alguien debe desagraviar, y el único que tiene la capacidad es el Hijo de Dios, que se hace hombre para eso, y de allí se seguirá como consecuencia, no como fin, la redención del género humano.

Como el pecado es extrema maldad, hay oscuras fuerzas que se mueve –precisamente en este episodio de la Cruz –, el Infierno y sus habitantes, que viven la muerte continua de su voluntaria y efectiva separación de Dios, y también la de aquellos hombres que están todavía en la tierra pero que serán los moradores de esas regiones.

El amor, por lo tanto, debe enfrentarse al odio y no claudicar a la verdad; los que no quieren ser perdonados no serán perdonados porque no quieren serlo; Dios tiene hijos, no esclavos, y respetara la decisión de aquellos hijos rebeldes que quieren dejar de ser hijos porque desean ser dioses, dueños de si y de su destino, felices en sí, y por lo tanto muertos en el tiempo y la eternidad, porque el alma es la vida del cuerpo y Dios es la vida del alma.

Un drama de semejantes proporciones se enfrenta en el certamen de los certámenes con la pena de que tanto amor no sea suficiente para algunos, y no los peores, son las vírgenes necias, por ejemplo, que no saben encontrarse con la misericordia; no pueden, no quieren, y deberán ser desconocidas –“no los conozco”—por Dios y los bienaventurados que deberán borrar de su conocer y amar a aquellos que no desean ser conocidos y amados.

No es extraño que tan inconmensurable dramaticidad tenga tan inconmensurables proporciones en la Cruz, no podía ser de ningún otro modo y todos los años disponemos de una semana para meditarlo, sabiendo de antemano su feliz epílogo, la Resurrección.

Feliz 2015

Se acerca la hora para dar gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas en este año 2014. Humildemente me dirijo a Ti, Señor mío, para decirte que te agradezco por todos aquellos momentos de dificultad que tuve los cuales me enseñaron a confiar mucho más en Ti y a crecer espiritualmente. Te doy gracias también Señor, por cada una de las personas que en este año leyeron aunque sea algunas pocas líneas de las que me permitiste escribir para así poder brindarles esperanzas y momentos de ánimo y gozo. Te pido que hayan sido como la semilla caída en buena tierra, que sean fecundos y den buenos frutos… Oh Señor, Sana, libera, toca y bendice a cada hijo tuyo que en este momento se han tomado este pequeño tiempo para leer este mensaje lleno de tus bendiciones. Pasa por cada una de sus vidas, por sus hogares, por su familia. Bendice a todas las naciones del mundo, y que nuestros países consagrados a Ti sean prósperos y llenos de bondad y caridad hacia los otros Amén

Att

Papa Francisco

Gozo y pecado

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que peco contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que pecó contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Luego de haber descubierto el defecto básico de nuestro carácter a través del autoconocimiento de sí mismo, la próxima etapa es poner en acción este conocimiento a través de la autodisciplina. El conocimiento de sí mismo es el diagnostico de la enfermedad. Pero la autodisciplina no solo radica en eliminar el mal; consiste también en vigilar todos los caminos hacia el verdadero ser, no sea que el enemigo irrumpa nuevamente por un camino insospechado. Porque los pecados, aun cuando sean vistos como tales, retienen todavía su falso encanto. Esta es una de las debilidades psicológicas que hace difícil la virtud para nosotros, los humanos.

Amar algo y odiarlo a la vez

Desde el comienzo de los tiempos, los arrepentidos se han hecho la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que ame el vicio y lo odie al mismo tiempo? ¿Por qué amo la bebida y odio ser un alcohólico?  ¿Por qué amo estar enamorado y odio la lujuria posterior? La respuesta es: cada pecado tiene un doble elemento, material y formal. El elemento material del pecado consiste en su contenido, o la materia de la que está hecho, y esta es siempre buena. Nada hay en el universo visible que sea intrínsecamente malo. “Dios miro al mundo y vio que era bueno”. La bebida, la carne, el sexo, el oro, el vino, son todas cosas buenas y por lo tanto deseables. Toda realidad, al haber sido creada por Dios, es hermosa y se halla penetrada por los divinos reflejos de sus atributos.

Uso y abuso

El elemento formal del pecado es el abuso malvado y perverso de una buena cosa. Es esta distorsión y este exagerado amor de algo que nos hace usarlo mal para un fin nocivo; transforma el amor por la carne en lujuria, el amor a la bebida en embriaguez, y el amor a la riqueza en avaricia. El hombre, a través de un abuso original de su libertad, está ahora en un nivel inferior a aquel para el que fuera creado, y tiene, por lo tanto, una tendencia a pervertir todas las cosas, de la misma manera en que una vez se pervirtió y desordeno a sí mismo.

La consciencia, sabía maestra

Los pecadores solo ven el elemento material del pecado y lo encuentran bueno, como es en realidad. Luego, cuando han abusado de su bondad, se vuelven contra Dios porque los efectos de este mal uso les han traído aflicción. Olvidan que Dios no prohíbe el uso correcto de las cosas, solo su abuso. Los pecadores critican a la gente buena que goza de estas mismas cosas buenas, sin sus efectos nocivos, y no comprenden que las usan de acuerdo con la correcta razón y la voluntad de Dios. Lo que el pecador ama del pecado es la materia del pecado, que es buena, y lo que odia de él es la infelicidad, el remordimiento, la melancolía y la sensación de derrota que viene de la perversión o el abuso de lo que es bueno. Ama el pecado en lo concreto, lo odia en lo abstracto. Esto explica la sensación psicológica de tensión y conflicto dentro de todo pecador. El ego desea una cosa; el yo, otra. El ego desea que la realidad se pliegue a él y le permita gozar de las cosas en exceso, sin que a esto suceda el remordimiento.

De esta contradicción interna se derivan dos efectos. El primero una ansiedad constante en el alma del pecador. Ama y odia, desea y desprecia. Llevado a más pecados por sus pasiones o malos hábitos, se halla en una constante agonía de disgusto consigo mismo […]. El segundo efecto de esta contradicción de amar y odiar al pecado es una mundanidad que se expresa como odio a la religión.

Mons. Fulton Sheen – del libro Eleva tu corazón