DESCUBRIR Y VENDER

Los pescadores recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirven

Los pescadores recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirven

También podríamos decir, elegir es renunciar. El que no encuentra nada valido se conforta vaya a saber con qué, y hoy no se encuentra, no se descubren tesoros.

La parábola en el Evangelio de este domingo nos permite adentrarnos en la antropología; ¿Qué es aquello que el hombre valora, a sabiendas de que el ser humano considera “tesoros” a determinadas cosas. Digámoslo muy de paso que el hombre valora aquello en lo que gasta gustosamente el tiempo y el dinero, sobre lo que frecuentemente piensa y habla.

Pero aquello que nos impide descubrir el camino marcado por Dios es la ignorancia y necedad. La ignorancia puede llegar a ser culposa, la necedad siempre es culposa; necio es el que no sabe lo que debería saber, el que no quiere ver. Para descubrir tesoros hay que vender las perlas y por eso el necio no quiere descubrir el tesoro, es que se ha encaprichado con las perlas.

También podríamos decir que el más poderoso detector de los tesoros y de la invalidez de las perlas es la idea de la muerte. En efecto, lo que no vale en el momento de la muerte, ¿Qué vale en realidad? Los dólares y los euros que serán en ese momento: papeles inservibles por lo que no vale la pena vender el alma o la probidad de la persona.

En el fondo, todo ser humano sabe muy bien que la felicidad no existe en este mundo, por eso no busca tesoros, en cambio Cristo  nos dice que si existe en este mundo, ya veremos donde y como; pero ¿Qué son las perlas que no se quieren vender? Alivios, si alivios, consuelo que considera necesarios, eso que era “todo lo que necesitaba para vivir” la vida que dono su pobre “óvolo”. A este punto lo que uno debe preguntarse es si esos “alivios, consuelos” no son salvavidas de plomos, remedios peor que la enfermedad.

Pero, ¿así que se puede encontrar el tesoro?. En el silencio, hay elocuencia; en la pobreza, riqueza y libertad; en la virginidad, esponsorialidad y fecundidad; en la humildad, grandeza; en la obediencia y el servicio, señorío; en el dolor, paz y reconciliación; ¿y dónde está el amor?. Para san Pablo, en la debilidad había fuerza y en la necedad (vender las perlas) sabiduría. Hoy, hay todo esto en este mundo; este mundo que no supo descubrir a Cristo y lo rechaza también hoy, ese Cristo que supo descubrir en Nazaret el paraíso junto a José y María.

Gozo y pecado

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que peco contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que pecó contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Luego de haber descubierto el defecto básico de nuestro carácter a través del autoconocimiento de sí mismo, la próxima etapa es poner en acción este conocimiento a través de la autodisciplina. El conocimiento de sí mismo es el diagnostico de la enfermedad. Pero la autodisciplina no solo radica en eliminar el mal; consiste también en vigilar todos los caminos hacia el verdadero ser, no sea que el enemigo irrumpa nuevamente por un camino insospechado. Porque los pecados, aun cuando sean vistos como tales, retienen todavía su falso encanto. Esta es una de las debilidades psicológicas que hace difícil la virtud para nosotros, los humanos.

Amar algo y odiarlo a la vez

Desde el comienzo de los tiempos, los arrepentidos se han hecho la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que ame el vicio y lo odie al mismo tiempo? ¿Por qué amo la bebida y odio ser un alcohólico?  ¿Por qué amo estar enamorado y odio la lujuria posterior? La respuesta es: cada pecado tiene un doble elemento, material y formal. El elemento material del pecado consiste en su contenido, o la materia de la que está hecho, y esta es siempre buena. Nada hay en el universo visible que sea intrínsecamente malo. “Dios miro al mundo y vio que era bueno”. La bebida, la carne, el sexo, el oro, el vino, son todas cosas buenas y por lo tanto deseables. Toda realidad, al haber sido creada por Dios, es hermosa y se halla penetrada por los divinos reflejos de sus atributos.

Uso y abuso

El elemento formal del pecado es el abuso malvado y perverso de una buena cosa. Es esta distorsión y este exagerado amor de algo que nos hace usarlo mal para un fin nocivo; transforma el amor por la carne en lujuria, el amor a la bebida en embriaguez, y el amor a la riqueza en avaricia. El hombre, a través de un abuso original de su libertad, está ahora en un nivel inferior a aquel para el que fuera creado, y tiene, por lo tanto, una tendencia a pervertir todas las cosas, de la misma manera en que una vez se pervirtió y desordeno a sí mismo.

La consciencia, sabía maestra

Los pecadores solo ven el elemento material del pecado y lo encuentran bueno, como es en realidad. Luego, cuando han abusado de su bondad, se vuelven contra Dios porque los efectos de este mal uso les han traído aflicción. Olvidan que Dios no prohíbe el uso correcto de las cosas, solo su abuso. Los pecadores critican a la gente buena que goza de estas mismas cosas buenas, sin sus efectos nocivos, y no comprenden que las usan de acuerdo con la correcta razón y la voluntad de Dios. Lo que el pecador ama del pecado es la materia del pecado, que es buena, y lo que odia de él es la infelicidad, el remordimiento, la melancolía y la sensación de derrota que viene de la perversión o el abuso de lo que es bueno. Ama el pecado en lo concreto, lo odia en lo abstracto. Esto explica la sensación psicológica de tensión y conflicto dentro de todo pecador. El ego desea una cosa; el yo, otra. El ego desea que la realidad se pliegue a él y le permita gozar de las cosas en exceso, sin que a esto suceda el remordimiento.

De esta contradicción interna se derivan dos efectos. El primero una ansiedad constante en el alma del pecador. Ama y odia, desea y desprecia. Llevado a más pecados por sus pasiones o malos hábitos, se halla en una constante agonía de disgusto consigo mismo […]. El segundo efecto de esta contradicción de amar y odiar al pecado es una mundanidad que se expresa como odio a la religión.

Mons. Fulton Sheen – del libro Eleva tu corazón

Claves para el éxito familiar

El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios necesarios para frenarlo

El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios necesarios para frenarlo

 

Stephen Covey, escritor de fama mundial y formador de líderes empresariales, dedico su vida a enseñar a las personas a disfrutar de su vida personal y profesional. En el libro Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas, sintetiza en siete sencillos hábitos la clave para el éxito en las relaciones familiares.

Ser proactivo. Nuestra vida familiar sería mucho mejor si actuáramos de acuerdo a nuestros valores más profundos, en lugar de dejarnos arrastrar por la emoción o las circunstancias del momento.

Este hábito es la base de todos los demás, ya que supone la capacidad de hacer elecciones, de dominar la propia vida, de ser dueños de nuestras emociones y, en consecuencia, conseguir tener las relaciones personales que deseamos tener.

Empezar con un fin en la mente. Si todos los miembros de la familia fueran conscientes de donde está la meta y como llegar a ella, se dirigirían todas las fuerzas hacia ese fin. Para lograrlo, Covey propone crear la “misión familiar”, única y original de cada familia. Diseñar unos objetivos familiares que todos conozcan, de forma que puedan ser consientes de cuando se están desviando de la meta.

Poner primero lo primero. Este hábito está profundamente relacionado con el anterior, si tenemos claro cuál es nuestro fin en la vida, será más fácil poner primero lo primero. Para todo el mundo la familia es lo primero, pero en realidad es que es a lo último a lo que se dedica tiempo. El papel que desempeña cada miembro de la familia es insustituible y no se puede delegar a nadie, por ello, para Covey “poner primero lo primero” es un habito que debe trabajarse a diario para no dejarse arrastrar por la velocidad a la que la vida nos somete.

Pensar “ganar – ganar”. La verdadera unión familiar radica en la necesidad del beneficio de los demás miembros de la familia, el deseo de que todos estén felices y contentos, aun a costa del sacrifico personal. Es en la familia donde mejor se cultiva esta actitud ganar-ganar en la que padres hermanos, abuelos, etc. interactúan entre ellos movidos por el afecto que se tienen y no por los intereses particulares.

Procurar primero comprender y después ser comprendido. La comprensión llevada hasta las últimas consecuencias es de los hábitos más difíciles de lograr. Para Covey, los malos entendidos y la falta de comprensión hacia los demás son generalmente el centro del dolor y las rupturas familiares.

Ser comprendido es la primera muestra de amor que recibe alguien, sentirse querido pase lo que pase, es entonces cuando puede  seguir una verdadera comunicación, una relación profunda.

Sinergizar. La unión de los miembros de la familia potencia el beneficio que recibe cada uno de ellos por separado. La riqueza que entrañan las relaciones familiares es imposible de alcanzar en ningún otro sitio. “La clave para crear sinergia es aprender a valorar, incluso celebrar, las diferencias”.  En la familia, cada uno aporta sus cualidades, virtudes, capacidades que perfeccionan a los demás y los complementan. Es, además, en la aceptación sincera de los defectos ajenos donde se crece como persona.

Afilar la sierra. El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente sino se ponen los medios para frenarlo. Stephen Covey afirma: “Afilar la sierra significa preocuparse de forma habitual y firmemente renovar las cuatro dimensiones de nuestra vida: física, social, mental y espiritual. Si la sierra se afila de un modo adecuado y de una manera equilibrada, cultivaras todos los demás hábitos  empleándolos en las propias actividades de renovación”. Es dedicar un tiempo a parar, a pensar, a recomponerse. (Hacer Familia/Adaptación).

Tiempo de ayuno y solidaridad

La Cuaresma es el tiempo de gracia y salvación, en el que todos estamos invitados a convertirnos en el camino de las practicas penitenciales, el silencio y el desierto, la oración más intensa, la limosna y el ayuno, del que el mejor paradigma y modelo es el Señor, que ayuna en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches (Mt 4,2).

Refrena el pecado y los malos deseos

Hemos de reconocer que el ayuno como práctica penitencial no está en su mejor momento […]. La Sagrada Escritura y la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y un medio para recuperar la amistad con el Señor. Por ello, la palabra de Dios nos invita muchas veces a ayunar. Jesús nos da el ejemplo ayunando en el desierto y rechazando el alimento ofrecido por el diablo. La práctica del ayuno esta también muy presente en la primera comunidad cristiana y los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en nuestro corazón el camino hacia Dios.

¿Dieta sí, ayuno no?

En nuestros días, la práctica del ayuno ha perdido relevancia desde la perspectiva  ascética y espiritual. En muchos ambientes cristianos ha llegado incluso a desaparecer, incluso el ayuno y la abstinencia prescritos por la Iglesia en Cuaresma. Al mismo tiempo, ha ido acreditándose como una medida terapéutica conveniente para el cuidado del propio cuerpo y como fuente de salud. Siendo esto cierto a juicio de los expertos, para nosotros los cristianos el ayuno es una “terapia” para cuidar todo lo que nos impide conformarnos con la voluntad de Dios. El ayuno nos ayuda a no vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que nos amo y se entrego por nosotros y a vivir también para nuestros hermanos.

Romper los apegos que nos separan de Dios

La Cuaresma[…] nos depara la oportunidad de recuperar el auténtico significado de esta antigua practica penitencial, que nos ayuda a mortificar nuestro egoísmo, a romper con los apegos que nos separan de Dios, a controlar nuestros apetitos desordenados y a ser más receptivos a la gracia de Dios. El ayuno contribuye a  afianzar nuestra conversión al Señor y a nuestros hermanos, a entregarnos totalmente a Dios y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley  y compendio de todo el Evangelio. El ayuno nos ayuda a crecer en intimidad con el Señor. Así lo reconoce San Agustín en su pequeño tratado sobre “La utilidad del ayuno” cuando afirma: “Yo sufro, es verdad, para que El me perdone; yo me castigo para que El me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”. La privación voluntaria del alimento material nos dispone interiormente para escuchar a Cristo y alimentarnos de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración más constante y dilatada en estos días de Cuaresma, el Señor sacia cumplidamente los anhelos más profundos del corazón humano, el hambre y la sed de Dios.

Nos abre los ojos al prójimo

La práctica voluntaria del ayuno nos permite caer también en la cuenta de la tristísima situación en que viven muchos hermanos nuestros, casi un tercio de la humanidad, que se ven forzados a ayunar como consecuencia de la injusta distribución de los bienes de la tierra y de la insolidaridad de los países desarrollados, sin olvidar también a nuestros hermanos en las áreas urbano marginales de  nuestras localidades. Desde la experiencia ascética del ayuno, y por amor a Dios, hemos de inclinarnos como el buen Samaritano sobre los hermanos que padecen hambre, para compartir con ellos nuestros bienes. Y no solo aquellos que nos sobran, sino aquellos que estimamos necesarios, porque si el amor no nos duele es una amor engañoso. Con ello demostraremos que nuestros hermanos necesitados no nos son extraños, sino alguien que nos pertenece.

En la antigüedad cristiana se daba a los pobres el producto del ayuno. En la coyuntura  social que estamos viviendo como consecuencia de la crisis económica, hemos de redescubrir  y promover esta práctica penitencial de la primitiva Iglesia […]

+ Juan José Asenjo Pelegrina – Arzobispo de Sevilla

LA PEOR TENTACIÓN

LA PEOR TENTACIÓN

LA PEOR TENTACIÓN

 

“El tentador se le acercó y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. (Mt 4,3)

El Señor quiso pasar por la prueba más común que sufre cualquier hombre: la de la tentación. Así nos demostraba su completa solidaridad con nosotros. Una de las tentaciones fue la de la inactividad, la de la pereza, la de recurrir a los milagros en vez de poner todo de nuestra parte para que se resuelvan todos los problemas. Los milagros existen y hay que pedirlos, pero no a costa de que sirvan para cultivar la indolencia.

Para colmo, para muchos tienen la osadía de hacerle a Dios responsable de las cosas que van mal en el mundo mientras ellos no hacen nada para solucionarlas. La Madre Teresa decía: “Lo que tu puedes hacer es muy poco, apenas una gota de agua en un desierto, pero de ese poco tu eres responsable”. Por lo tanto, es injusto y ofensivo criticar a Dios o a los demás por las cosas que van mal mientras no se está haciendo todo lo posible para solucionar los problemas. Esta tentación se vence aceptando el compromiso, el esfuerzo que representa ayudar a los demás. A la vez hay que rezar, sabiendo que nuestras fuerzas no son suficientes para superar los problemas. Los milagros de Dios deben encontrarnos trabajando.

Suele suceder, además, que las personas que hacen el bien incluso de forma heroica no tienen crisis de fe. La Madre Teresa es un ejemplo, y como ellas tantos misioneros, religiosos y religiosas.

Simplemente, se limitan a aceptar el misterio de Dios y a no perder el tiempo con crisis que para lo único que sirven es para quitarles fuerzas en su trabajo de ayudar a los pobres.

P. Santiago Martin, fm

RESCATE DE VALORES ES TAREA DE TODOS

A todos en general se les reserva la responsabilidad y el compromiso de contribuir, permanentemente, en la recuperación de los valores perdidos e ignorados en el tiempo, por el quebranto de la institución familiar; en gran parte de los maestros, que no asumieron en su momento acciones de orientación de la conducta de sus alumnos y el escaso aporte de los gobiernos y medios de comunicación para lograr un cambio de actitud de la juventud en su tránsito por caminos equivocados.

Las naciones, para vivir en un ambiente de paz, comprensión, confianza, de respeto al prójimo y sin violencia, aparte de su estructura socioeconómica, dependen y responden a un proceso informativo de sus habitantes, desde el hogar, escuela y medios sociales. El maestro, en todos sus niveles, en su condición de guía, orienta la conducta con su ejemplo, pero este compromiso moral se desvió, en muchos casos, por el acoso y afán de lucro.

El irrespeto y la violencia se han extendido en todos los sectores, hogar, estadios y centros de diversión, entre otros, aparentemente, sin que a nadie le preocupe, como si se tratara de hechos normales. En algún momento parece que se ha perdido todo indicio de esperanza por encontrar prontas soluciones.

La presencia de pandillas juveniles y el consumo de drogas no es problema reciente; ahora, ese desequilibrio social se acentúa con mayor incidencia en la población pobre y abandonada, por la irresponsable indiferencia en el tratamiento de esos terribles males. Hoy ya se han emprendido acciones programáticas, principalmente en los colegios para intentar erradicar ese espectro social. Hay que recordar que toda labor que se proyecte para combatir esos desórdenes, merece, inaplazablemente, el apoyo de la colectividad. Algunos medios de comunicación privados practican el sensacionalismo, tendencia por exagerar o escandalizar los hechos, principalmente, delictivos, para causar impacto en el publico con el siguiente error de exaltar la audacia de rufianes y de sicarios famosos. Ese estilo de hacer periodismo profana el valor moral, promueve la violencia y exalta, sin quererlo, el delito.

Se recuerda que la función del periodismo es informar y opinar tomando como base la verdad y a motivar la práctica de los valores como la paz, la justicia y el respeto a sus semejantes.

Es innegable que la ambición y el dinero diseñan negativamente la conducta del ser humano y obliga a pensar en una reconquista de valores. En la selección de los nuevos maestros se debe considerar, especialmente, sus dotes morales, para garantizar una información adecuada de las venideras generaciones. Aunque hay que reconocer que continúan en funciones, maestros que entienden y cumplen su alta misión.

Insistimos que, en el rescate de valores, es obligación el aporte cívico y desinteresado de todos: Gobierno, maestros, padres de familia y medios de comunicación, prensa, radio y televisión.

Oswaldo Ávila Figueroa –  ex docente universitario

NO BASTA CON NO SER MALO

“Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 5, 20-22a).

El termino “fariseos” esta tan desprestigiado, que nos resulta difícil comprender lo que nos quería decir Jesús cuando ponía esa comparación e invitaba a sus discípulos a ser mejores que ellos. En realidad, en aquella época los fariseos eran los más religiosos, observantes y fieles defensores de Dios. Si tuviéramos que buscar un equivalente, diríamos que eran los de “misa diaria”; esta comparación nos es justa e incluso es ofensiva en si misma, pero nos sirve para entender que los apóstoles estaban siendo invitados a ser mejores que los mejores judíos. Pero ¿mejores en que?

Desde luego no se trataba de ser más puntilloso y exigentes en cuestiones litúrgicas o en asuntos rituales (descanso del sábado, reglas culinarias, impuestos al templo, etc.). Lo que Jesús quería era que se superara por arriba la limitación que mantenía encorsetado el corazón del buen judío, del fariseo. Ciertamente, esto solo lo pudieron entender bien los apóstoles al final de la vida de Cristo (cuando en la Ultima Cena, les da el mandamiento nuevo) y, sobre todo, después de la venida del Espíritu Santo.

Pero ya entonces pudieron comprender algo de lo que el Señor quería enseñarles. Para Jesús no se trataba de quedarse contento con no hacer el mal o cumplir las leyes; lo que El pedía  a sus seguidores es que fueran más allá, que hicieran todo el bien posible, que no se quedaran satisfechos hasta que no hubieran ayudado al prójimo con todas sus fuerzas. Cristo no pedía ni pide imposibles; pide, simplemente, que amemos. Y amar empieza por no hacer el mal y sigue por hacer el bien. Como El hizo.

P. Santiago Martin fm