Feliz 2015

Se acerca la hora para dar gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas en este año 2014. Humildemente me dirijo a Ti, Señor mío, para decirte que te agradezco por todos aquellos momentos de dificultad que tuve los cuales me enseñaron a confiar mucho más en Ti y a crecer espiritualmente. Te doy gracias también Señor, por cada una de las personas que en este año leyeron aunque sea algunas pocas líneas de las que me permitiste escribir para así poder brindarles esperanzas y momentos de ánimo y gozo. Te pido que hayan sido como la semilla caída en buena tierra, que sean fecundos y den buenos frutos… Oh Señor, Sana, libera, toca y bendice a cada hijo tuyo que en este momento se han tomado este pequeño tiempo para leer este mensaje lleno de tus bendiciones. Pasa por cada una de sus vidas, por sus hogares, por su familia. Bendice a todas las naciones del mundo, y que nuestros países consagrados a Ti sean prósperos y llenos de bondad y caridad hacia los otros Amén

Att

Papa Francisco

Nos ha Nacido un Salvador

Salvador

La fiesta de Navidad es sin duda la fiesta cristiana más popular: la comunidad cristiana en su totalidad la vive intensamente. Lo más importante de la celebración de hoy es subrayar el amor de Dios para con nosotros, que se ha hecho uno de nosotros. Dios está aquí, Dios se ha hecho presente en nuestra humanidad: Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Esta es la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo, la buena noticia que da respuesta a los anhelos más profundos de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

La Navidad continúa siendo este punto de encuentro entre Dios y nosotros. Él continúa viniendo a nuestro Belén particular, haciéndose encontradizo para nosotros. Continúa haciéndose carne de nuestra carne, para que todos podamos llegar a ser lo que aún no somos. Y se hace pobre para que todo el mundo lo pueda encontrar.

Este movimiento de Dios reclama que nosotros también vayamos a este punto de encuentro llevando todo cuanto somos, todas nuestras pobrezas para que Él las pueda transformar y podamos salir del punto de encuentros renovados, transformados, acompañados de su presencia

Tomado de “Misa Anual Pan de la Palabra”

El famoso obrero

Como los obreros contratados por el propietario de la viña, muchos se quejan de Dios

Como los obreros contratados por el propietario de la viña, muchos se quejan de Dios

Bien podríamos decir que una de las claves del actual pontificado, una de sus habilidades y debilidades, es saber habérselas con los obreros de última hora y distanciarse de aquellos que han soportado el peso del calor del día.

Pero en definitiva, ¿vamos a concebir la salvación como un coto privado de caza, o vamos a insistir hasta el último, hasta aquellos que nos dirán “nadie nos ha llamado”?

Esto significa que el llamado ha sido tal, que no ha merecido ser subseguido, aun admitiendo que en muchos casos también ha sido desoído –“Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”–, y a veces inclusive la respuesta es el simple arrepentimiento, que es tan poderoso, a través del cual nos decimos convencidamente que si volviéramos a nacer las cosas serían diferentes. El más famoso obrero de última hora fue el buen ladrón, el primer santo canonizado por el mismo Cristo, santo súbito. ¡Que ejemplar! ¡Cómo no quejarse! ¿Y quién se queja? El mal ladrón. En definitiva pareciera que la humanidad entera se compone de ladrones, unos buenos y otros malos. Todos hemos robado: fama, a la Patria, a la Iglesia, a los padres, a los familiares, a los amigos…, cuando no les hemos retribuido en la medida en que ellos nos dieron afecto y comprensión; cuando no   hemos perdonado tras el reclamo de que lo hagamos; en la vanagloria, ladrona de la gloria de Dios; en la ingratitud, que es retacear el debido reconocimiento, debido, es decir deber de justicia; etc. Y sin embargo vivimos quejándonos como el mal ladrón. Vemos que quejarse, como lo hacen los obreros de la primera hora, no es cualquier cosa, es hacer lo que hacía el mal ladrón, obrero de última hora.

Seamos entonces generosos, porque la medida que usemos se usara para nosotros; alegrémonos de que tantos hermanos nuestros tengan lo que Dios y la vida les den, hagamos de esto causa de gozo mirando la generosidad de Dios y el bien de todos, porque si nos miramos a nosotros mismos siempre vamos a estar descontentos, y esperemos que Dios nos toque con su generosidad y sorpresas que no siempre serán bienes terrestres, porque cuando uno es adepto a Dios, El lo prueba y tiene esa forma de retribuir a sus hijos. En definitiva, la vida está llena de sorpresas, es una hermosa aventura, con el desafío de comprenderla.

Tomado de Cristo Hoy 

UN DIFÍCIL ARTE

Jesús es catégorico: debemos corregir al que peca. El nos manda a corregir y nos da el modo de hacerlo

Jesús es catégorico: debemos corregir al que peca. El nos manda a corregir y nos da el modo de hacerlo

El mundo en que vivimos está más que nunca necesitado de corrección y los cristianos, por cobardía, impericia o imprudencia, a veces no brindamos este tan necesario servicio.

Si pensamos sencillamente en la cantidad de malas palabras que se dicen, vemos en este sencillo punto la necesidad de la corrección fraterna. No queramos a este acto público y evidente restarle importancia, lisa y llanamente esta verdadera inmodestia nos habla del escaso afán de agradar a Dios, y aquí esta lo grave. ¡Qué triste que una persona no tenga como norte en la vida agradar a Dios! ¿Dónde tiene su norte, su dirección? Digamos lo mismo de ciertas modas, bailes, músicas y horarios… ¿No se trata de una publica profesión de paganismo, de locura y desenfreno? ¿No llevamos inscrito el nombre de cristiano en nuestra identidad por el Bautismo?, ¿acaso esto es compatible con la asimilación de cualquier praxis que deviene mayormente de la televisión? ¿En un hogar se puede ver públicamente cualquier programa de televisión?

En otro orden de cosas ¿las suntuosidades innecesarias, los gastos extraordinarios, injustificados, las fiestas, viajes, lujos, forman parte de un estilo cristiano de vida? ¿Nada de eso es pasible de un comentario, de una opinión, de un juicio de valores iluminador?

Para que vamos a dar comentarios acerca del aborto, de praxis sexual, de objeciones religiosas donde todos tenemos la obligación de fijar posturas coherentes con la verdad de Dios.

Cuando el Señor dijo de nosotros “ustedes son sal de la tierra y luz del mundo” nos indico un camino que muchas veces iba a pasar por la corrección fraterna. No se trata para nada de una postura moralizante, sino de algo más basal, más fundamental, nuestro aporte es una continua invitación a examinar si mantenemos el ser cristiano, el afán de agradar a Dios, o por el contrario nuestras actividades procuran complacer al mundo y a nuestros gustos, comodidades y facilismos.

La corrección fraterna, tema del Evangelio de hoy, permite que veamos si con nuestros actos pretendemos agradar a Dios, a los hombres o a nosotros mismos; no es simplemente para que “nos  portemos bien”, sino para que sepamos quiénes somos.

Tomado de Cristo Hoy

DESCUBRIR Y VENDER

Los pescadores recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirven

Los pescadores recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirven

También podríamos decir, elegir es renunciar. El que no encuentra nada valido se conforta vaya a saber con qué, y hoy no se encuentra, no se descubren tesoros.

La parábola en el Evangelio de este domingo nos permite adentrarnos en la antropología; ¿Qué es aquello que el hombre valora, a sabiendas de que el ser humano considera “tesoros” a determinadas cosas. Digámoslo muy de paso que el hombre valora aquello en lo que gasta gustosamente el tiempo y el dinero, sobre lo que frecuentemente piensa y habla.

Pero aquello que nos impide descubrir el camino marcado por Dios es la ignorancia y necedad. La ignorancia puede llegar a ser culposa, la necedad siempre es culposa; necio es el que no sabe lo que debería saber, el que no quiere ver. Para descubrir tesoros hay que vender las perlas y por eso el necio no quiere descubrir el tesoro, es que se ha encaprichado con las perlas.

También podríamos decir que el más poderoso detector de los tesoros y de la invalidez de las perlas es la idea de la muerte. En efecto, lo que no vale en el momento de la muerte, ¿Qué vale en realidad? Los dólares y los euros que serán en ese momento: papeles inservibles por lo que no vale la pena vender el alma o la probidad de la persona.

En el fondo, todo ser humano sabe muy bien que la felicidad no existe en este mundo, por eso no busca tesoros, en cambio Cristo  nos dice que si existe en este mundo, ya veremos donde y como; pero ¿Qué son las perlas que no se quieren vender? Alivios, si alivios, consuelo que considera necesarios, eso que era “todo lo que necesitaba para vivir” la vida que dono su pobre “óvolo”. A este punto lo que uno debe preguntarse es si esos “alivios, consuelos” no son salvavidas de plomos, remedios peor que la enfermedad.

Pero, ¿así que se puede encontrar el tesoro?. En el silencio, hay elocuencia; en la pobreza, riqueza y libertad; en la virginidad, esponsorialidad y fecundidad; en la humildad, grandeza; en la obediencia y el servicio, señorío; en el dolor, paz y reconciliación; ¿y dónde está el amor?. Para san Pablo, en la debilidad había fuerza y en la necedad (vender las perlas) sabiduría. Hoy, hay todo esto en este mundo; este mundo que no supo descubrir a Cristo y lo rechaza también hoy, ese Cristo que supo descubrir en Nazaret el paraíso junto a José y María.

Gozo y pecado

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que peco contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Heridos por el pecado original, nos lanzamos a la satisfacción de nuestros deseos y pasiones sin considerar el recto uso de los dones de Dios; si acallamos la conciencia, luego gritará mas fuerte. Así le sucedió al rey David que pecó contra Dios y se arrepintió luego, no sin consecuencias (cf, 2Sam 11-12)

Luego de haber descubierto el defecto básico de nuestro carácter a través del autoconocimiento de sí mismo, la próxima etapa es poner en acción este conocimiento a través de la autodisciplina. El conocimiento de sí mismo es el diagnostico de la enfermedad. Pero la autodisciplina no solo radica en eliminar el mal; consiste también en vigilar todos los caminos hacia el verdadero ser, no sea que el enemigo irrumpa nuevamente por un camino insospechado. Porque los pecados, aun cuando sean vistos como tales, retienen todavía su falso encanto. Esta es una de las debilidades psicológicas que hace difícil la virtud para nosotros, los humanos.

Amar algo y odiarlo a la vez

Desde el comienzo de los tiempos, los arrepentidos se han hecho la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que ame el vicio y lo odie al mismo tiempo? ¿Por qué amo la bebida y odio ser un alcohólico?  ¿Por qué amo estar enamorado y odio la lujuria posterior? La respuesta es: cada pecado tiene un doble elemento, material y formal. El elemento material del pecado consiste en su contenido, o la materia de la que está hecho, y esta es siempre buena. Nada hay en el universo visible que sea intrínsecamente malo. “Dios miro al mundo y vio que era bueno”. La bebida, la carne, el sexo, el oro, el vino, son todas cosas buenas y por lo tanto deseables. Toda realidad, al haber sido creada por Dios, es hermosa y se halla penetrada por los divinos reflejos de sus atributos.

Uso y abuso

El elemento formal del pecado es el abuso malvado y perverso de una buena cosa. Es esta distorsión y este exagerado amor de algo que nos hace usarlo mal para un fin nocivo; transforma el amor por la carne en lujuria, el amor a la bebida en embriaguez, y el amor a la riqueza en avaricia. El hombre, a través de un abuso original de su libertad, está ahora en un nivel inferior a aquel para el que fuera creado, y tiene, por lo tanto, una tendencia a pervertir todas las cosas, de la misma manera en que una vez se pervirtió y desordeno a sí mismo.

La consciencia, sabía maestra

Los pecadores solo ven el elemento material del pecado y lo encuentran bueno, como es en realidad. Luego, cuando han abusado de su bondad, se vuelven contra Dios porque los efectos de este mal uso les han traído aflicción. Olvidan que Dios no prohíbe el uso correcto de las cosas, solo su abuso. Los pecadores critican a la gente buena que goza de estas mismas cosas buenas, sin sus efectos nocivos, y no comprenden que las usan de acuerdo con la correcta razón y la voluntad de Dios. Lo que el pecador ama del pecado es la materia del pecado, que es buena, y lo que odia de él es la infelicidad, el remordimiento, la melancolía y la sensación de derrota que viene de la perversión o el abuso de lo que es bueno. Ama el pecado en lo concreto, lo odia en lo abstracto. Esto explica la sensación psicológica de tensión y conflicto dentro de todo pecador. El ego desea una cosa; el yo, otra. El ego desea que la realidad se pliegue a él y le permita gozar de las cosas en exceso, sin que a esto suceda el remordimiento.

De esta contradicción interna se derivan dos efectos. El primero una ansiedad constante en el alma del pecador. Ama y odia, desea y desprecia. Llevado a más pecados por sus pasiones o malos hábitos, se halla en una constante agonía de disgusto consigo mismo […]. El segundo efecto de esta contradicción de amar y odiar al pecado es una mundanidad que se expresa como odio a la religión.

Mons. Fulton Sheen – del libro Eleva tu corazón

Claves para el éxito familiar

El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios necesarios para frenarlo

El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente si no se ponen los medios necesarios para frenarlo

 

Stephen Covey, escritor de fama mundial y formador de líderes empresariales, dedico su vida a enseñar a las personas a disfrutar de su vida personal y profesional. En el libro Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas, sintetiza en siete sencillos hábitos la clave para el éxito en las relaciones familiares.

Ser proactivo. Nuestra vida familiar sería mucho mejor si actuáramos de acuerdo a nuestros valores más profundos, en lugar de dejarnos arrastrar por la emoción o las circunstancias del momento.

Este hábito es la base de todos los demás, ya que supone la capacidad de hacer elecciones, de dominar la propia vida, de ser dueños de nuestras emociones y, en consecuencia, conseguir tener las relaciones personales que deseamos tener.

Empezar con un fin en la mente. Si todos los miembros de la familia fueran conscientes de donde está la meta y como llegar a ella, se dirigirían todas las fuerzas hacia ese fin. Para lograrlo, Covey propone crear la “misión familiar”, única y original de cada familia. Diseñar unos objetivos familiares que todos conozcan, de forma que puedan ser consientes de cuando se están desviando de la meta.

Poner primero lo primero. Este hábito está profundamente relacionado con el anterior, si tenemos claro cuál es nuestro fin en la vida, será más fácil poner primero lo primero. Para todo el mundo la familia es lo primero, pero en realidad es que es a lo último a lo que se dedica tiempo. El papel que desempeña cada miembro de la familia es insustituible y no se puede delegar a nadie, por ello, para Covey “poner primero lo primero” es un habito que debe trabajarse a diario para no dejarse arrastrar por la velocidad a la que la vida nos somete.

Pensar “ganar – ganar”. La verdadera unión familiar radica en la necesidad del beneficio de los demás miembros de la familia, el deseo de que todos estén felices y contentos, aun a costa del sacrifico personal. Es en la familia donde mejor se cultiva esta actitud ganar-ganar en la que padres hermanos, abuelos, etc. interactúan entre ellos movidos por el afecto que se tienen y no por los intereses particulares.

Procurar primero comprender y después ser comprendido. La comprensión llevada hasta las últimas consecuencias es de los hábitos más difíciles de lograr. Para Covey, los malos entendidos y la falta de comprensión hacia los demás son generalmente el centro del dolor y las rupturas familiares.

Ser comprendido es la primera muestra de amor que recibe alguien, sentirse querido pase lo que pase, es entonces cuando puede  seguir una verdadera comunicación, una relación profunda.

Sinergizar. La unión de los miembros de la familia potencia el beneficio que recibe cada uno de ellos por separado. La riqueza que entrañan las relaciones familiares es imposible de alcanzar en ningún otro sitio. “La clave para crear sinergia es aprender a valorar, incluso celebrar, las diferencias”.  En la familia, cada uno aporta sus cualidades, virtudes, capacidades que perfeccionan a los demás y los complementan. Es, además, en la aceptación sincera de los defectos ajenos donde se crece como persona.

Afilar la sierra. El desgaste en las relaciones familiares y en el desarrollo personal es un fenómeno que llega inevitablemente sino se ponen los medios para frenarlo. Stephen Covey afirma: “Afilar la sierra significa preocuparse de forma habitual y firmemente renovar las cuatro dimensiones de nuestra vida: física, social, mental y espiritual. Si la sierra se afila de un modo adecuado y de una manera equilibrada, cultivaras todos los demás hábitos  empleándolos en las propias actividades de renovación”. Es dedicar un tiempo a parar, a pensar, a recomponerse. (Hacer Familia/Adaptación).